¿Qué pasaba en Argentina?
La película “Rock around the clock” descontroló la calle Corrientes. El argentino se abrazó al estilo, y fue quien mejor lo adaptó y lo interpretó en toda Latinoamérica. Moris fue representante de la canción rock, con su célebre simple de 1967, “Ayer nomás”, que incluía “La Balsa”. Los hippies argentinos duraron un poco más, ya que los productos discográficos extranjeros llegaban más tarde. Tuvimos nuestro festival, el B.A. ROCK, que en 1982 seguía teniendo representantes del hippismo.
Quien rompió los esquemas fue el grupo Vox Dei, cuando en 1967 editó la obra cumbre “La Biblia”, que más allá de su riqueza musical, comprendía una excelente síntesis de la enseñanza bíblica. Era un disco conceptual. Casualmente, en Inglaterra, cuando se gestaba la psicodelia, varios grupos se volcaban a la obra conceptual: Génesis, Jethro Tull, y otros representantes de la música psicodélica, como Dire Straits. Comenzando con un blues psicodélico, creando maravillosas obras conceptuales y llevando el rock a su máxima expresión, fueron los británicos Pink Floyd, a mí criterio, la banda de música más grande de todos los tiempos.
Musicalmente, el rock llegó allí a su pico artístico, con el estilo que se llamó rock progresivo. Más tarde completaría su estructura el grupo Rush, y hoy en día su representante más destacado es Dream Theater.
El rock progresivo se transmutó en el rock sinfónico, cuando se utilizaron herramientas musicales diferentes, pero esto no viene a nuestro análisis. Lo que si es importante es la locura que se experimentó a partir de estos cambios. Podemos decir que el hippismo emulaba, con su paz y tranquilidad, a los efectos de la marihuana o la heroína. La psicodelia, ya no fumaba, sino que se inyectaba el ácido licérgico (L.S.D.) Colores, y más colores. Los Beatles seguían allí, como grandes músicos que sabían captar los cambios de su entorno, y así lo hicieron en “El club de los corazones solitarios del Sargento Peppers”. A todo esto se sumó sus visitas a la India, al mismo Gurú Maharishi, y las drogas y el secta-rismo pasaron a formar parte del grupo, y también de muchos de sus seguidores.
Volviendo al rock progresivo de Pink Floyd, su cantante Sid Barret personificaba en si la euforia y a la vez la angustia de la vida. Luego se retiró de la banda para ceder el liderazgo al bajista Roger Waters, compositor de la obra conceptual por excelencia. A lo largo de sus discos tocaron temas como la soledad, la nostalgia de la juventud, los lados oscuros de la mente, y todo lo que tuviera que ver con una crisis emergente, que quizás ellos no vivieron pero si floreció mucho después: la pérdida del sentido de la vida.
Pero a Roger Waters y compañía le quedaba un as en la manga que se reservaban. Ese as era la monumental y solemne obra “The Wall” (El Muro), en referencia al muro que separaba al protagonista de la realidad, en el que cada problema de su vida era “otro ladrillo en la pared”. Waters hizo como una especie de autobiografía, incluyendo a la vez una aguda crítica de su sociedad. Sus ideas se vieron mejor plasmadas en la película musical homónima, dirigida por Alan Parker. Transmite ideas como la falta de identidad, a través de una escena en la que aparece gente con máscaras iguales; la sangre derramada inútilmente en la guerra; el maltrato en las escuelas inglesas (“no necesitamos oscuro sarcasmo en el salón de clases, maestros dejen a los niños solos”); la facilidad del sexo y la necesidad del mismo (“necesito una mujer, la necesito ya”), y el vacío existencial y total, la pudrición del ser humano en la canción “Confortablemente adormecido”.
Ziggy Stardust, desde el espacio exterior.
A finales de los ’60, hizo su aparición en el ambiente musical, el renombrado David Bowie, artista que mostró a lo largo de sus múltiples personajes, rasgos que fueron pilares en la concepción
posmoderna de los veinte años posteriores. Musicalmente, es una de las más grandes influencias en el Pop.
En 1971, irrumpe con su personaje Ziggy Stardust, un ser proveniente del espacio exterior, a través del cual hizo pública su condición de bisexual. En la actualidad, tenemos a Marilyn Manson, quien en su disco “Mechanical Animals”, se mostró con senos. David Bowie fue visionario. No solo en lo artístico. En el mismo disco, incluía una canción titulada “Five Years”, abordando el tema de la ecología con un argumento que anunciaba la destrucción de la tierra en cinco años por un desastre natural. Hizo también menciones de la consagrada obra del autor George Orwell y su libro“1984” escrito en 1948, en el disco homónimo.
Son miles de ejemplos que podríamos encontrar de aquellos artistas, que de todas maneras algo aportan a nuestras vidas. La mutuación de esta cultura es constante, y sería bueno establecer parámetros, ya que los únicos con los que contamos son los establecidos por criterios comerciales, las famosas “etiquetas”. Lo que nos tiene que quedar claro es que hoy muchos artistas no son producto de la sociedad de la que emergen, sino un producto descartable que muestra lo que debemos consumir. Aun así, quedan otros, verdaderos declarantes del suceder diario, esos que honran la herencia y a la vez, hacen una nueva.
Podemos cerrar esta nota en una sabia síntesis, que resumiría el deseo del hombre posmoderno, su esencia, en las palabras que cantaba un músico italiano pero cultor del rock y el pop argentino, Luca Prodán: “no se lo que quiero, pero lo quiero ya”.


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